Lo que comenzó como una propuesta audaz en septiembre de 2025, ha tomado forma definitiva en enero de 2026. Tras la cumbre en Mar-a-Lago, el presidente Donald Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, han dejado claro que la reconstrucción de la Franja de Gaza tiene un precio innegociable: el desarme absoluto de todas las facciones terroristas.
El fin de la infraestructura militar
En primer lugar, la nueva etapa del acuerdo se centra en la desmilitarización supervisada por una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF). Según el plan, Hamás debe entregar no solo sus misiles, sino también revelar la ubicación exacta de la red de túneles restante. Por lo tanto, Israel condiciona la retirada total de sus tropas a la verificación de estos pasos por monitores independientes.
Además, el enviado especial Steve Witkoff confirmó que se implementará un programa de amnistía para aquellos miembros de Hamás que elijan la coexistencia pacífica y entreguen sus armas. No obstante, aquellos que deseen abandonar la Franja recibirán salvoconductos hacia terceros países mediadores.

Gaza: De campo de batalla a “Riviera del Medio Oriente”
Por una parte, el componente económico del plan es asombroso. Trump presentó en Davos una visión de Gaza llena de rascacielos y turismo de lujo, con una inversión inicial de 25.000 millones de dólares. Por otro lado, este desarrollo solo comenzará cuando el Consejo de Paz, integrado por líderes como Javier Milei y Recep Tayyip Erdoğan, garantice que la zona es “libre de terrorismo”.
Sin embargo, el camino no está libre de obstáculos. Hamás mantiene una postura pública de rechazo al desarme, calificando la propuesta como una “capitulación”. En consecuencia, analistas internacionales advierten que la Fase 2 será la prueba de fuego para la administración Trump: o se logra la paz definitiva o el conflicto entrará en un ciclo de violencia aún más impredecible.

Conclusión: ¿Un nuevo orden regional?
Finalmente, el éxito de esta etapa depende de la cooperación de Egipto, Catar y Turquía en el proceso de recolección de armas. En conclusión, la apuesta de Trump es clara: transformar el dolor de la guerra en una oportunidad inmobiliaria y económica sin precedentes, siempre y cuando las armas callen para siempre.
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